martes, 10 de junio de 2008

Emilia Pereyra: Una narradora con inapelable futuro


Por Edgar Valenzuela

Realmente el libro de cuentos "El inapelable designio de Dios" se pudo haber publicado antes. Emilia Pereyra tenía los cuentos escritos desde hace años. Estaban dispersos, entre sus papeles; en su computadora.

Por haber privilegiado la publicación de tres novelas, la elaboración de una cuarta, todavía inédita, y el ejercicio intenso del periodismo, Emilia Pereyra no se había querido percatar de la necesidad de recopilarlos y publicarlos en un libro.

Solamente le faltaba una chispa de motivación. Cuando la chispa de la motivación encendió, Miguel Collado atizó el fuego al ofrecer, con su peculiar entusiasmo, ser el editor del libro. Entonces, se comenzó a barajar el título que tendría.

Y de manera muy natural, lógica y conveniente, se escogió el mismo título que tiene el cuento que aparece al principio del volumen. "El Inapelable designio de Dios", antologado en Cuba y traducido en Italia, es uno de los cuentos más representativos de Emilia Pereyra; donde hace galas de una imaginación portentosa y de su dominio del arte de escribir.

En él se adelanta a la ciencia al describir la historia de una clonación humana. Hasta ahora la clonación sólo se ha podido realizar con éxito usando animales. Pues en este cuento ocurre la clonación de la protagonista: Angustia María. Nótese el nombre del personaje: Angustia María.
Obligada por la sociedad a realizar varias tareas a la vez, la atribulada mujer le pide a Dios que le conceda el deseo de tener varias copias o dobles de ella misma para así lograr "Ser una esposa perfecta, una ejecutiva magnífica, una madre ejemplar, una hija dedicada y una mujer caritativa" las 24 horas del día.

El buen Dios la complace, pero el "melao" de la historia reside en descubrir que dividir a la mujer en varias mujeres al mismo tiempo resulta ser “un remedio peor que la enfermedad". En el fondo, es una crítica artística a la explotación de la mujer, la cuál tiene que desempeñar dos, tres, cuatro o más funciones para hacerle frente con éxito a las exigencias de la sociedad que le ha tocado vivir.

El libro continúa con "Brasa y fuego" que es la historia de un romance doméstico. La sirvienta es objeto del deseo del dueño de la casa. El señor aprovecha el descuido creciente de su señora, demasiado distraída en el esmalte de las uñas, en el salón de belleza y en los viajes, para seducir a la sirvienta que, en principio, se resiste a que le pase la mano… en la oscuridad, pero que luego termina disfrutando el encanto de un amor prohibido.

León Tolstoi, al aconsejar a los escritores, dijo: "Describe tu aldea y serás universal". Eso es lo que hace Emilia Pereyra en "Hecho consumado". Describe el ambiente estrecho de una aldea donde impera la pobreza, la represión amorosa y donde no se perdonan los errores cometidos de la cintura para abajo. El hilo conductor de la trama es el personaje Celina; una joven huérfana que sale embarazada en la casa donde vive, cuyos habitantes en lugar de protegerla la empujan al destierro y a la locura.
El embarazo en las adolescentes es un problema recurrente en nuestro medio, y la narración del caso golpea con fuerza al lector porque hechos parecidos a este ocurren diariamente en nuestros barrios y pueblos.
Es un tema de palpitante actualidad, pese a que la autora lo escribió hace 23 años.

"Zapatos de espuma" es un sueño. La visita y el viaje con un fantasma del que la protagonista termina hechizada. En esta narración Emilia Pereyra hace volar a los lectores hacia niveles superiores de imaginación y de fantasía.

Las historias de amor narradas en el libro son desgarrantes. Las escenas de sexo sugerentes…impactantes; y están descritas con una precisión tal que a veces parece que estamos viendo una película.

Emilia Pereyra tiene especial habilidad para contar historias de amores tormentosos, de pasiones desbordantes; como se puede comprobar al leer: "Rejuegos contra una tarde de hastío", "Corazón de Viento", "Elogio al desprecio" y "Noticias de Brenda". Los personajes se mueven en medio de conflictos que los empujan a situaciones límites, a la desesperación, la infidelidad e incluso al suicidio.

En otras historias la lujuria de los personajes principales es tan incontenible que se transforman en acosadores sexuales. La obsesión los lleva a cometer a asaltos contra las víctimas de su deseo, rondando los bordes de la violación, como ocurre en "Adriana, en cualquier tarde" y en "El volcán y las palabras".

Dicen que las mujeres prestan mucha atención a los detalles.
Emilia Pereyra, además de mujer, es periodista, de modo que sus ojos ven más allá de lo que ve el común de las mujeres. Ella tiene el olfato entrenado para captar las intenciones ocultas de los posibles personajes y la lucha de intereses que, con frecuencia, hace sacar a flote sus más sórdidos sentimientos. Y lo que es mejor…. tiene la disciplina suficiente para registrarlo en el papel.

Estamos ante una narradora vibrante, muy lúcida literariamente, creadora de una galería de personajes atormentados, y de situaciones explosivas, que seguirán dando mucho de qué hablar en el futuro.

Con este primer libro de narraciones breves Emilia Pereyra allana el camino para publicar otros libros de cuentos. Ella, comenzó escribiendo cuentos, y esperamos que continúe escribiéndolos para disfrute de la América que habla español. Claro, sin dejar de publicar, de vez en cuando, las impactantes novelas a que nos tiene acostumbrados.

La primera edición del libro "El Inapelable designio de Dios", compuesta por 14 narraciones breves y 114 páginas, está primorosamente cuidada y facilita la lectura en poco tiempo.

Emilia Pereyra, nacida Azua en una fecha que no es necesario recordar, forma parte junto a Diógenes Valdez, Fanny Herrera y Otto Oscar Milanese, del selecto grupo de narradores del Sur dominicano que se proyectan en el mundo, fundamentalmente por la calidad de sus obras.

El autor es periodista.
¿La cultura tiene ideología?
Por JUANA VÁZQUEZ © BABELIA
La cultura tiene ideología, no es aséptica, nace de un sujeto y "sus circunstancias", en consecuencia, es subjetiva, tanto por la presencia de ciertas claves ideológicas como por la ausencia de las mismas, olvidadas y neutralizadas con plena conciencia en las obras de cualquier modalidad.
La cultura forma parte y es un reflejo claro de la sensibilidad y las ideas de un pueblo. La ideología determina y en muchas ocasiones dirige el pensamiento de la colectividad con fines específicos que luego, a su vez, darán cauce a una serie de proyectos. Entre estos proyectos se encuentra el cultural.
Por absoluto que sea el poder, siempre necesita promover una propuesta cultural para legitimarse y poderse realizar. Propuesta que es el espíritu con el que un pueblo se valora y se identifica a los ojos del "otro".
Cultura y poder están siempre en contacto. Y algo tendrá la primera para que los políticos entren en su terreno con la intención de promover tales o cuales actos o textos y prohibir de forma directa o indirecta otros. ¿Qué fue la censura -y haberla hayla todavía, aunque no esté institucionalizada- sino una forma de dar dirección a la cultura hacia el terreno que le interesa a la política?
Siempre ha sido así. Ya en la cultura grecolatina, los dirigentes políticos, y sobre todo los emperadores, tenían una corte que alababa sus hechos, y lo hacía a través de la literatura, la pintura, la escultura, la música, la arquitectura... Ahí tenemos los famosos arcos de triunfo. A partir del Renacimiento y hasta bien entrado el XIX, existió el mecenazgo, el cual se encargaba de "pagar" a autores y artistas para darle brillo y notoriedad a las diversas monarquías y con ellas a sus validos y políticos.
Pero hay un hecho claro, cuando la cultura se sitúa en el "para", cuando previo a la creación se le asigna una función determinada fuera de su naturaleza, pierde su valía, su esencia, su germen creador y languidece. Esto sucedió en el siglo XVIII con la literatura, a la cual el poder quiso utilizar para educar al pueblo en sus directrices doctrinales, y en consecuencia, el XVIII es un siglo en el que la literatura no goza de la excelencia de la que ha gozado en otros siglos.
Es decir, la cultura se asienta en el "qué" y en el "cómo" con la libertad creativa por bandera, y nunca en el "para".
Como todo acto creativo, parte de un individuo y refleja sus ideas, emociones e ideología, pero siempre tratando de ganar terreno a lo no conocido, de superar el pasado, y de dar un paso adelante, a través de transgredir los códigos manoseados, convencionales y trasnochados.
Por lo tanto, es evidente que la cultura tiene ideología y ésta no puede ser otra que progresista y nunca impuesta, ni mirando al pasado obsoleto.
Si nos centramos en España, esta afirmación es algo que forma parte de la conciencia colectiva desde hace más de setenta años. Y tiene sus motivos: ahí está nuestra Guerra Civil que hizo salir al exilio a toda la cultura española del primer cuarto de siglo XX, pues las nuevas directrices políticas del franquismo no comulgaban con sus tendencias de izquierda transgresora. Los pocos que se quedaron tuvieron que olvidar las generaciones más inmediatas, como la del 27, 98 o todos los hallazgos de las vanguardias, para instalarse, como mandaba la ideología de la dictadura, en el pasado imperial español, y en poetas como Garcilaso, al que neutralizaron su espíritu universalista y sus claves paganas.
Es, pues, el franquismo una época oscurantista, de derecha totalitaria, en la que quedó diezmada la cultura que no fuera afín al régimen. Todo tenía que girar alrededor de este espíritu de cartón piedra: literatura, filosofía, música, pintura, cine, escultura, etcétera. España quedó convertida en un erial cultural.
Los que comulgaron con los nuevos prebostes hicieron una literatura de victoria bélica. Un país diezmado por la guerra, el hambre, la desolación y la falta de libertad propició obras mediocres y libelos de alabanza al régimen totalitario. Asimismo, la inercia del franquismo, en ese aspecto, cuyas claves castrenses se contagiaron a la cultura, determinó un ambiente de mediocridad, dándole, con el correr de los años, ese tono deprimente y de desidia que en el terreno cultural mostró la dictadura franquista. Si algo brilló fue la literatura, el arte, el cine..., que floreció, a pesar del régimen, a finales de los sesenta y en los setenta. Es decir, la cultura crítica con el franquismo.
Para ir resumiendo, hay que decir de nuevo que la cultura cuando es innovadora y no mero espectáculo de alabanza al poder es progresista o es "crítica". En todo caso es libre.
Debemos recordar que las izquierdas democráticas son sinónimo de apertura intelectual, de ruptura de fronteras, de búsqueda de vínculos fraternos, de respeto a la pluralidad cultural y humana en general. Y todo ello es afín a la cultura en su esencia, puesto que en lo cultural hay que transgredir, llegar al límite de lo desconocido, e indagar y romper con lo establecido para crear algo nuevo.
Estas líneas generales de la mejor cultura no se avienen con el ideario de los conservadores, puesto que, para ellos, lo primero es el orden en sistemas tradicionales probados, aunque éstos sean injustos. Y la creación, vuelvo a lo mismo, muere en el orden convencional y trasnochado, o en la creación determinada por intereses sucedáneos que no sean la propia creación. En estas circunstancias, los escritores independientes se exilian o enmudecen, y algunos de ellos, los que no les queda más remedio que comer de la cultura, venden sus almas al régimen, y escriben al dictado. Son los censores de su propia creatividad que nace enferma, constreñida por los intereses ideológicos.
Se podría decir que para los conservadores la cultura debe partir de una subordinación al pasado, no debe romper con ningún sistema ortodoxo. Nada de crear ex nihilo, ni por yuxtaposición. Eso puede generar desorden, y la derecha no lo tolera, pues se trataría de una "cultura degenerada". ¡Qué horror!
Sin embargo, en ciertas ocasiones, podríamos atribuir esta, llamémosla, "acultura" al desinterés de la derecha autoritaria en un ámbito que sienten extraño o secundario para los propios hábitos vitales, y que arrastran desde el franquismo, sobre todo la derecha "de siempre" a la que le gustan "los toros, el puro, el vino y las rubias", según un sondeo reciente, publicado en EL PAÍS. Por supuesto, hábitos culturales decimonónicos.
Pero si hablamos de derechas autoritarias o de dictaduras también podíamos hablar de izquierdas autoritarias o de dictaduras de izquierdas..., incluso de dictaduras económicas. Un ejemplo, hoy por hoy, es la dictadura del mercado dentro de la narrativa española lo que hace derivar a todas nuestras novelas hacia la novela seudohistórica, una novela en el 90% de los casos pedestre y mediocre. Pero el mercado es lo que acepta en la actualidad y la literatura languidece a base de estar constreñida por las editoriales, porque hay que vender, y del autor, porque hay que publicar.
En definitiva, poder político y cultura van unidos. Que nos hablen de la cultura castiza que se instaló con el alcalde Manzano en Madrid, pero también la cultura es dominada por otros poderes, como, por ejemplo, el económico y el religioso, sobre todo.
Y vuelvo a la clave esencial, sin libertad no hay creatividad. Y en consecuencia no hay escritores, pintores, músicos, escultores, arquitectos..., hay "negros" que trabajan para el poder, en la dirección que les marquen. Y eso no es cultura sino doctrina.
En definitiva, la cultura no es patrimonio de ningún partido, no pertenece ni a los partidos de izquierda ni a los de derecha, pertenece a la creación "crítica", que es la creación en libertad del autor o artista. Pero, por supuesto, se identifica más con las izquierdas democráticas que con las derechas, aunque éstas no sean totalitarias.
Sería de agradecer que en el siglo XXI, los grupos políticos de una u otra ideología pensaran acerca de la necesidad de promover la "mejor" cultura para que sea embajadora y signo de una comunidad que quiere pisar con fuerza en el siglo XXI. - Enviado por fontanamoncada@yahoo.es ~

lunes, 9 de junio de 2008

7 HISTORIA DE LA ESCRITURA

De la invención de la escritura al libro El proceso que ha conducido de la tabla de arcilla de Mesopotamia al libro impreso moderno es un recorrido fascinante y lleno de sorpresas que se articula en torno al desarrollo de las grafías, el tipo de instrumentos y soportes empleados en la escritura, y la evolución del libro como objeto a lo largo de su historia.© Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
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Los sistemas de escritura tienden a ser conservadores, incluso no faltó en sus orígenes la atribución de ser un regalo de los dioses. Todo cambio o modificación ortográfica plantea grandes dudas, e incluso en los congresos de lingüistas que se plantean la necesidad de reformar la ortografía para eliminar pequeñas incoherencias, existen grandes resistencias para llevar a cabo estas reformas, y es difícil llegar a acuerdos y compromisos. Dado este grado de conservadurismo, la sustitución o las mayores innovaciones de la escritura sólo tienen lugar cuando un pueblo se la presta a otro porque lo domina o lo coloniza. Por ejemplo, los acadios adaptaron a su propia escritura la parte silábica del sistema sumerio que era ideosilábico; no obstante mantuvo sus propios ideogramas y los empleó como si fueran un sistema de taquigrafía (véase Lengua sumeria). Cuando los hititas adoptaron el sistema acadio, eliminaron los signos silábicos ambiguos, es decir, los homofonémicos o sus contrarios, polifonémicos, así como también muchos ideogramas sumerios, pero conservaron la ortografía silábica de los acadios (véase Lengua hitita).

Los moais de la isla de Pascua La isla de Pascua alberga esculturas gigantes (denominadas moai por los habitantes de la isla) y otros restos arqueológicos de origen desconocido. En estas moles escultóricas hay grabadas unas inscripciones, que combinan quinientos signos, todavía sin interpretar.ALLSTOCK, INC./Z. Roberts
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El primer escrito que se conoce se atribuye a los sumerios de Mesopotamia y es anterior al 3000 a.C. Como está escrito con caracteres ideográficos, su lectura se presta a la ambigüedad, pero está presente el principio de transferencia fonética y se puede rastrear su historia hasta averiguar cómo se convirtió en escritura ideosilábica. En el caso de los egipcios se conocen escritos que proceden de unos cien años después y también testimonian el principio de transferencia fonética (véase Lengua egipcia; Jeroglíficos). Puede que la evolución de la escritura egipcia respondiera al estímulo de la sumeria.

Bibliografía
Estas fuentes proporcionan información adicional sobre Escritura.

Casi a la vez, en Elam se desarrolló la llamada escritura protoelamita. Todavía no ha sido descifrada y no se puede decir gran cosa sobre ella excepto que es ideosilábica y el número de signos que tenía. Algo después, surgieron también sistemas ideosilábicos en el Egeo, Anatolia, el valle del Indo y China (véase Lengua china). Otros pueblos tomaron sus silabarios para escribir sus propias lenguas. En la última mitad del segundo milenio antes de Cristo los pueblos semíticos que vivían en Siria y Palestina tomaron el silabario egipcio bajo la forma más sencilla y reducida (esto es, los signos de consonante más cualquier vocal), y abandonaron sus ideogramas y su silabario complejo (véase Lenguas semíticas). Este nuevo silabario estaba prácticamente hecho, porque los egipcios nunca escribieron vocales. El primer documento de escritura semialfabética se ha encontrado en las inscripciones conocidas por protosinaíticas, que están fechadas en torno al 1500 a.C. Otro sistema de escritura parecido data del 1300 a.C., y se ha encontrado en la costa norte de la actual Siria, en Ugarit, pero en este caso los caracteres de la escritura eran unas cuñas como las de la escritura cuneiforme de Mesopotamia. En toda la zona se escribía de forma parecida y fueron los griegos quienes tomaron su escritura de los fenicios. Dieron el último paso, pues separaron vocales de consonantes y las escribieron por separado; así se llegó a la escritura alfabética en torno al 800 a.C. (véase Lengua griega). Todavía no se ha alcanzado una escritura alfabética tal y como aquí se ha descrito al definirla como un sistema completo.

5 SISTEMAS SILÁBICOS

Para superar las deficiencias de la escritura ideográfica, se empleaba el principio de transferencia fonética. Cuando se utilizan signos que representan sonidos, sílabas en este caso, se pueden escribir todas las palabras que no era posible representar con la escritura ideográfica. Además, cuando se añaden los signos silábicos a las raíces, es posible representar morfemas, es decir las terminaciones de caso o las de la conjugación verbal. Hay que destacar que deben leerse e interpretarse porque son elementos de la lengua escrita, frente a los indicadores fonéticos.

Un sistema mixto, el ideosilábico, es el primer paso para uno completo. Una vez alcanzada la capacidad para expresarlo todo, el problema se plantea ante la disyuntiva de reducir la ambigüedad o hacer más económico el sistema de escritura (número de signos necesarios para escribir cualquier realización). El problema reside en que se requiere un elevado número de signos, porque el número de palabras que tiene una lengua es también elevado. El segundo paso consiste en reducir el número de signos imprescindibles, que se puede conseguir si se agrupan en uno solo todas las palabras de significado parecido, o en emplear el mismo signo para palabras distintas, pero aun así, este sistema necesita unos quinientos o seiscientos signos. Además, la ambigüedad es mucha, a menos que se empleen indicadores, lo que significa sacrificar su ventaja principal, que consiste en tener menos signos por cada realización. Por otro lado, el número de signos que precisa un sistema silábico puro pocas veces supera los doscientos. Frente a la escritura ideográfica, la silábica ofrece una ventaja adicional; no hay que interpretarla puesto que las palabras se escriben sin ambigüedad fonética. La desventaja consiste en que, de promedio, el sistema necesita más signos para escribir cada realización. En su forma más sencilla, un sistema silábico está formado por signos de vocal más consonante y signos para las vocales aisladas.

El siguiente paso consiste en reducir la lista de sílabas a signos que representen sólo consonante más vocal, sin diferenciar las vocales. Así se equipara el número de signos al número de sonidos consonánticos de la lengua, pero se aumenta la ambigüedad, porque el lector debe suplir el sonido vocálico correcto. Dado que se trata de escribir sílabas, los signos necesarios para escribir cada realización son tantos como los de la escritura silábica pura, que además expresa cada una de las vocales. El sistema silábico reducido necesita muchos menos signos y cada uno puede ser más sencillo. Sin embargo, mucha gente considera que esta forma de escribir es un sistema alfabético, o más adecuadamente semialfabético, puesto que no indica cada fonema aislado.

6 SISTEMAS ALFABÉTICOS

El último paso hacia una escritura completamente alfabética consiste en escribir por separado los sonidos vocálicos y los consonánticos, lo que precisa de unos cuantos signos más, pero elimina la ambigüedad de tener que suplir las vocales al leer. Por tanto hay más signos para escribir cada realización, aunque el sistema completo necesite menos signos y más sencillos. Puesto que cada uno representa un fonema, la palabra así escrita es su transcripción fonética y no hay que sustituir ningún sonido al leerla. Véase Alfabeto.

Estos sistemas trazan la teoría y los procedimientos de escritura, pero hoy por hoy no existen sistemas de escritura que sean una forma pura. Existen elementos de uno y otro tipo incorporados a alguna de las formas que conocemos; un ejemplo de ello es el número de logogramas que son necesarios en los modernos sistemas alfabéticos.























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FICHA BIOGRÁFICA DE RANNEL BAEZ POE



1. Rannel Báez nació, piadosamente, según el “credo” de Hermann Hesse, un siete de enero juanbosista, Día de la Justicia, en Compostela de Azua. Ha tenido siete vidas, y ha pasado desapercibido siete veces por donde se le echan siete voces a la poesía para que los pecadores oigan sus siete plegarias. En siete días ha destruido el mundo y tiene siete noches para reconstruirlo con siete poemas sietemesinos, muriendo siete veces por los siete pecados capitales, para luego resucitar al séptimo día.
2. Autor de los libros Cuentos Desechables, Teatra, la mujer de Teatro (Premio Nacional de Teatro de la Universidad Central del Este -UCE-, 2000) y Orbe Per Verso, sin poesía (Premio Internacinal de Poesía Casa de Teatro, 2002).
3. Es Licenciado en derecho. Diplomado en Derecho Constitucional. Postgrado en Educación Superior. Locutor.
4. Es Presidente de la Asociación de Locutores de Azua (ALA). Presidente del Círculo Literario de Azua (CIELA). Coordinador de Asociación de Estudiantes Egresados de UTESUR. Miembro de ATHENE. Miembro de TEATRO-SUR.
5. Es Profesor del Colegio y de la Universidad Tecnológica del Sur (UTESUR).

“Sólo soy un simple pecador, que tiene derecho a vivir y morir, felizmente”
Nunca contaré las cosas,
por mi metabolismo anárquico, que he querido contar.
Se escapan, se resbalan del cuentero que no soy.
Pero he armado estas trampas, sin modelos,
sin artimañas de fabulador...
Si caes en ellas, injustamente,
no me culpes por desilusionar tu egolatría,
porque a mis herejías, ya no le cabe, ni media culpa más.

LOCURA ROSADA
DEL LIBRO PUBLICADO CUENTOS DESECHABLES
DE RANNEL BAEZ
No te escondas, Dios. Vengo a descubrirte, poeta… Tus ínfulas rosadas se han ido a cazar termitas hacia otros páramos. ¿Tan muerto estás? Tu frialdad congela mis palabras y galvaniza un nudo rosado en mi garganta. ¿Cómo te las arreglas para controlar tu claustrofobia? ¡Adivino! ¿Los sobrevivientes muertos saben cómo adaptarse a las precariedades? Tus libros no sobreviven precariamente. Son tus dioses de papel. Aunque siento tu mismo silencio rosado, no he venido a delirar contigo en buena lid. Tu dialéctica no era proclive a las camaleonadas de la gentuza social. Hoy se respiran nuevos aires, agrios y despóticos, nitrogenados y farisaicos. Pero tú tenías buen olfato y siempre supiste qué respirar con tu nariz rosada. ¿No sientes el grajo de la política, la pestilencia de los caudillos, el sicote de los demócratas, el "tufoaboca" de los capitalistas, el “chinchilín” de los neoliberales o el "bajoaborsa" de los socialistas? Tanto has obviado las cosas de este mundo rosado que ya no relacionas ni distingues la semiótica de sus estrambóticas fragancias… Y tan catador que eras del perfume de las rosas. Cada esencia tenía su etiqueta y su protocolo… Pero te has encerrado en tus profundidades poéticas y en tus abismos rosados… Te has quedado con tus resabios, con tus decretos, con tus impulsos incressendo creando, estilo huidobronco, tan apegados a ti que aún ahora los presiento en este nicho transparentemente rosado. ¡Qué egoísta fuiste con tus cosas! He observado, psicoanalíticamente, que era tu enfermedad rosada… Supe, desde mi óptica rosada, que con la soberbia de un semidiós, con la potestad de un semiloco, con el espíritu tortuoso…, tangencialmente huido, obró tu fuero artístico, Vicente, indócil jardinero de frases. Fuiste cortante. Con íncubos malhumorados. Con el darma oteando otras dimensiones, con el karma en la sangre. Sembraste palabras y nació la mostaza… ¡Qué ganas tenías de ser más poeta que todos los poetas! Haciendo florecer la rosa virosa en tu bitácora. Cuando intentaste, con toda tu fluidez alquímica, ponerle el quinto pétalo a la rosa de los vientos… Norte, Sur, Este, Oeste y Dios… Apareció la quinta plaga. ¿Era necesario perderte entre puntos cardinales? La tierra del fuego queda tan cerca de nuestra casa. Los huracanes, ciudadanos del viento, y sus calurosos duendes, vienen por el pacífico con toda su furia ancestral, y en su tempestad oceánica, nos confundimos como aguaceros quintaesenciados y sempiternos. Te hubiese sido mejor ponerle "la quinta pata al gato" y no ponerte a poetizar; sabiendo tú, que "por la razón o por la fuerza", todos tenemos un chin de poeta y de loco, un chin de diablo y de dios en todos los sentidos. ¿Para qué querer tus propias lluvias, si las nubes no te pertenecen? ¿Era necesario ese imperativo rosado? No pudiste aguantar la garganta, ni las manos, ni tu verdad… y soltaste tus mariposas de metal, el polen de tus verbos, tus versos mojados. ¿Por qué cantáis, pendejos? Preguntaste sin desparpajos… Así te dictaminó tu temperamento rosado. Con la manía, manida en ti, del que escribe un verso sin más palabras que la palabra rosa. Aquella rosa forestal, sustantiva… rosa aromática y efímera… rosa que vive y que muere, vegetativa, muda, con su propia canción de pétalos… sola. Una rosa, más para la magia de un poeta, que para el jardín de tus sueños de enamorado. ¿Y, alguna vez te enamoraste, de verdad, con ese amor rosado de los locos y apasionados? Los poetas de hoy son frígidos, literatos de cundanguerías grisáceas. Tú, como yo, no eras frígido, ni de maneras aéreas… Tú eras un poeta de la Orla de Fuego… ¿Recuerdas tu piropo preferido? -Adiós, belleza bellaca de "nalgas de rosa"-. Así rememorabas al erotismo de los poetas cristianos del Bizancio. ¿Te acuerdas de Lila de la Rosa? Mujer de agua, hermosa tormenta… ¿Te acuerdas de la serenata de borrachos? -"…te regalo estas dos rosas cariñosas…"-. -"…rosa, la flor, tu nombre…"- Y la guitarra amanecía entre bachatas y baladas, entre Ortíz y Perales, entre la botella y el destino. Sólo te faltó crucificarte… pender como aquel Cristo enamorado en el "Gólgota Rosa" de Fiallo. En la esquina de la Santísima Cruz nos cantaban los gallos rosados del barbero Musío… borrachos como los chichiguaos rosados de la Copiadosa. ¡Cuantas pequeñeces, poeta, para tu grandeza! Sólo te queda el alcohol de la Rosa de Tierra de Lamouth. Hace mucho tiempo que la rosa "polvo es y polvo será"; que la rosa no es rosada, sino gris, de luz. Ese gris de la locura que todos llevamos dentro y esa luz de los lunáticos rosados. Un domingo de absurdos entramos a la parroquia rosada sin persignarnos… El tufo tenía ribetes de herejía… y los sermones habían comenzado… ¡Qué incredulidad! -¿Algunos de ustedes quiere ver al Diablo?- Dijo el cura Santino, iniciando la misa. Otra más de las tantas que les venden a los vivos para saldar los pecados de los muertos. -Pues, cada quien tiene su Diablo particular adentro.- Sentenció sermónicamente. -El Diablo es su locura y su materia gris.- Concluyó apocalíptico. Y todos se quedaron fríos. Condenados. Sin perdón. El poeta y tú “hicieron el caso del perro…” Tomaste tu Biblia y partiste rezongando una oración que nadie nunca pudo descifrar. ¡Ateo! ¡Anticristo! Fueron las últimas indulgencias humanas que cayeron en tus espaldas. Al pasar por el portón de caoba litúrgica y bajar los escalones de la santiguación, se perdió el último campanazo de la condena. Sólo un suspiro de los que por instinto, dan los pecadores buscando la naturaleza, pudiste articular como un impío rosado, cuando tus ojos penetraron al parque de rosas en el que se había muerto tu única esperanza… la salvación. -¡No hay de qué arrepentirse!- Exclamaste entre dientes rosados. "No hay nada nuevo bajo el sol…" Ya lo dijo otro dios… Todo está hecho y desecho. Pero “nadie se muere en la víspera”, Vicente… No inventes historias. Lo que más se parece a la rosa es otra rosa, es la vida. Cuatro letras la rosa y cuatro la vida... lodo y amor tienen las cuatro letras de Dios. Lo que está más cerca de la muerte es la muerte, es la poesía. Seis símbolos la muerte, seis la poesía… pecado y espejo tienen las seis letras del Diablo. ¡Lo que más se parece al poeta es el poeta, es Dios! No seas loco, loco… Te excomulgarán todos los concilios de sotanas, por ese símil rosado… Y el día del juicio no te levantarán de los muertos. Te quedarás hecho polvo, porque está escrito, no con tu palabra rosada, sino con la palabra divina… ¡Divina locura! Tú no tienes derecho a la palabra. Y, ¿crear? Las palabras sólo sirven para hacer estas historias… y en el manicomio no hay rosas. No me hagas cuentos de muertos soñando. ¿Qué no estás soñando? ¿Qué no estás muerto? Te empecinas en escribir sobre las rosas. No te das cuenta que estoy leyendo tu epitafio. ¿Qué tú no comes con cuentos? Tú no te comiste la hostia. Y se te comieron los sesos, aquellas avecillas petirrojas que se arremolinaban en parvadas en los "cojollitos" del laurel crecido frente a la Iglesia de los Remedios. Pero tú, no tenías remedio… y los petirrojos, los veías rosados. Y te reías con una risa de campanario. Cuando estos inocentes de pico y pluma, esos petigres bullangueros que no sabían rezar ni decir amén, se cagaban en la cabeza de todos los feligreses y de todos los pecadores que atravesaban el jardín de las rosas, en aquel laberinto de palabras y locuras, en aquel pueblo de tu destino. Un día de alcanfor y dudas, volaste con tus alas de loco locuaz detrás de los petirrojos rosados, esos gendarmes que hacían su vida volátil en ese laurel pueblerino, testigo de tantas misas y rosarios. Huido. Fuera de tu nombre cabalístico. Como un demente sin banderas, así obraste. Según tu criterio crítico… con tu alter ego abierto a tu peculiaridad rosada. Con el aura comprometida, abigarrada. Con el juicio avituallado de musas inspiradas, enloquecidas. Con el polen fermentado. Con tu propio peculio, como diría un engreído de carne y hueso… Y tú no eras engreído, porque yo no lo soy. Tenemos todas las debilidades del mundo, hasta los caprichos rosados que últimamente hemos inventado. Todo el mundo hace y deshace lo que más le hace y deshace a su diario vivir y desvivir… Espero que puedas entender este palabrerío, de las tantas vacuencias y filosofías que decimos y practicamos por estos confines, donde sólo hay un Dios en contra de cuchumil demonios. Y así tú quieres, te empecinas en irte al paraíso, en dejarte confundir de la belleza de la rosa… estando el camino que nos lleva a la salvación, plagado de espinas rosadas. Esto es palabra de Dios y trampa de los hombres. No te escaparás, iluso. Tú tienes tu artimaña, tu maña artística. Por eso te echaste a dormir con tanta confianza, que has quedado dormido. ¡Qué lirón se metió en tu sueño, soñador! No mientas, "ciudadano del olvido", espíritu de la rosa… aquella rosa de aire, de palabra, de metal, de sangre… aquella rosa que lo que nunca llegó a ser fue rosa… rosa de la locura, rosa de tu nombre, rosa de la mierda… ¡qué tanto es que joden con las rosas! ¡Hipócritas! ¿Por qué se las llevan a los muertos? Yo soy otra clase de muerto… un muerto de la boca para adentro… y, ¿de la boca para afuera? Soy un muerto de palabra. Tu palabra está textualmente huida, sin obra, temáticamente loca, porque "como cada loco con su tema…" ¡Oh, loco del diablo! Un día dijiste que yo era un pequeño Dios… Y, ¿yo me lo creí? Yo no soy poeta, andino del fuego. Aunque estamos tan juntos y tan lejanos. El único enigma que nos separa, es ese punto rosado que limita tu poema de mi locura. Tan disímiles y tan iguales, con sus mismos dioses y espinas y en cada uno, su locura rosada. Vicente Poeta, tu estro exorcista, huido, obró, para desenmascarar a los farsantes, para construir un cielo rosado, para tu fiebre rosada, en el mundo rosado de tu muerte rosada… Yo soy un ciudadano del recuerdo, otro loco rosado del sur…
…Prestidigitador de rosas
en un cachivache de sueños
Mutilador de espejismos
en la corola del mundo
que se agota en cada verso
en cada dislate que respiro
desde que soy un dios excomulgado.

No me vengas con que son dislates, chapulín de los canallas. Este es el miedo de los humanos. Es la nostalgia encapuchada de los que se han callado siempre. Dime que es mentira, fiera sin selva, arlequín desarlequinado. Dime tu verdad, alfeñique de palabras. Tú que mueres, allende los sueños, aquende la locura, todos los días, amén. Dime tu verdad rosada de poeta, poeta rosado.

Yo nací un enero americano. Soy sencillamente un pobre sin cielo. Soy un bíblico “catecúmeno” del Diablo. Nunca me ha gustado el color rosado. ¿No has oído decir que cuando ibas a nacer, por la sonografía, ya sabían tu sexo? Entonces, que si varón… el "yaquecito", el babero, el bobo… todo azul. ¿Y las lágrimas? Que si hembra… los aretes, el resguardo, el gorrito… todo rosado. ¿Y las sonrisas? ¡No divarées por dios! ¡No blasfemes, carajo! No desvíes el cuento. ¿Pretendes que yo siga como un poseso leyendo tu epitafio rosado? Déjame enterarte: En Wilde encontré el Ruiseñor y la Rosa… Y allí quedó marchito el vuelo… El era un retrato de novela, un narciso de sexos rosados. En el eco inquisidor de Umberto está El Nombre de la Rosa, la escritura rosada de la libertad. Todo esto ha transcurrido con tanta vacuidad… Tu nombre contemporáneo, mi nombre extemporáneo se bifurcan en un limbo mecánico. En esa tingladura donde los pordioseros, ¡por Dios, somos nosotros!, piden su limosna rosada y se acuestan triturando palabras, haciendo buches de malhumor y sueñan con ese sueño rosado que se va, roncando, sonámbulo, hasta la otra esquina del amanecer. Y tú crees que es el Hombre de la Esquina Rosada, de Borges… ese jardín de mundos bifurcados, ese mundo de fascismo literario… ¡Mentiras rosadas! Su Rosa Profunda está en otros huertos… tiene otros abonos. Tiene su cara y su cruz… Tiene su filosofía, su sello personal, su alquimia cultural en la Rosa de Paracelso. ¿Que ya te deje respirar? Tú sales con semejantes excentricidades… Ni que fueras el Milagro de la Rosa de Genet, ese milagro maldito de los genios solitarios, de tantas querellas universales. ¿De modo que ahora quieres respirar? De nada quieres un baño sauna, para calentar los huesos. Sí, tus huesos rosados. Hay que dar razón al por qué encasillan las cosas de los poetas. ¡¿Y es verdad que lo somos?! ¡¿Que somos Dioses?! Y, ¿qué con eso? A cualquiera se le va la lengua para cualquier boca rosada. Ya tú no tienes lengua. Estás tieso como un santo rosado. Yo te traje tus rosas favoritas. Las traje del Palacio Rosado, porque tú eras político, diplomático con tus cosas, con tus gustos rosados… ¿Que cuáles eran? Tan fácil te has dejado esquilmar tu memoria rosada de los gusanos? ¿Por qué son tan blandos los sesos, y no son de mármoles rosados? Así son los sesos de los dioses. ¡Justificaciones! ¿Que no? No ganas nada con negar o afirmar. Ahora huele estas rosas… ¿Vas a estornudar? El polen ya no es el mismo. Es verdad que estás muerto. Por eso quédate quieto en tu panteón rosado. No quieras huir de tus metáforas. Los gusanos no saben de poesía, pero tienen su rosa y su seda. Los gusanos no pagan alquiler, ni pagan impuestos, ni diezmos. Son ciudadanos de la carne. ¿Que soy un ridículo rosado? ¡”No espantes las avispas”! Sólo quiero que me cuentes tu historia, tu poesía. No me hables de ti, para biografías, charlatán de hueso. Inédito, ni siquiera tu descanso rosado. Yo te conozco en toda tu profundidad, en toda tu extensión, en toda tu anchura. No me interesa saber nada de ti. Tú estás en este argumento. No quiero saber si “la rosa cayó en el agua”, y “no se deshojó”. Háblame seco, tajante, sin ambages, como un editorial, sin cortina. Deja tus agugu, tus gateaderas, tus juegos matariles, tus palabras infantiles. Ahora sólo quiero ver tu palabra fría, de piedra. Tu vida, no vista a través de una clase de octavo de secundaria, tu poema, tu muerte, y la última rosa que creaste, dios, humano y loco. No te escondas, poeta. De nuevo se cumplió la profecía. Has vuelto a sudar, ese sudor frío, rosado… Está desembocando en el mar… Ha subido la marea… Ahí va ondulando una rosa de sal, se aleja y me ahogo por retenerla, la dejo ir… ahora se pierde en la distancia de un poema. La lluvia ha pasado con la noche. Ya me voy, Dios. Yo seguiré escribiendo otra historia rosada, fuera de estos dominios, fuera de esta rutina rosada, para la que necesito mucha materia gris, muchas paradojas rosadas, despegarme del fantasma de las pesadillas que me persiguen desde que comenzaste a fabricar tus deidades, desde que comenzaron a florecer tus poemas en la selva de tu nombre, desde que sufro el delirio de perseguirte, de acecharte, de romper tus palabras, desde que tengo la creencia, creyendo en ti, de que soy un Dios, desde que leo en tus biografías que estás más muerto que un ídolo rosado… ¡Conformidad, San Vicente! Lástima que los muertos no puedan tomarse unas vacaciones, " vivitos y coleando." Así no tendría que estar despotricándome, como siempre, en este monólogo reiterativo, en este diálogo entre la carne y el hueso, entre tú y yo, entre el amigo maldito y el maldito poeta... sicosis, ya madura, que se repite desde que salgo a buscar parábolas, desde que como un condenado loco, como tú, Vicente, huido, obro, cuando duermo con los ojos rosados.
Quiero despertar, cambiar de nombre, poner punto final a este párrafo ascético, pero sobre todo, poeta perdido, no quiero volver jamás a este cementerio de dioses rosados.
La barrena poética del Taladro del Tiempo
de William Mejía
Una reflexión en un punto cualquiera de la serranía literaria
Por Rannel Báez.
Un día de esos que no están rojos en el calendario, quizás porque aún no había menstruado. Un día de esos en que nadie repara si se puede visualizar el rostro de Da Vinci, pintado en una nube, que luego se va deshilachando desde sus barbas siderales hasta su calva planetaria, y se convierte en un chavesnaso de algodón. Un día de tarvia caliente, un día orwelliano, de profecías robóticas, un día de esos en que las 24 horas están demás. Un día realengo y anónimo, o al revés, como el título teatral de andarín. Un día incoloro de 1984, llegó William, como fiel tocayo de Shakespeare, con su taladro del tiempo metido en un baúl atemporal, a esta ciudad del sol. Vino a Azua y comenzó a taladrar los sueños, las metáforas, y a la literatura ochentista. Barrenó la realidad y cambió el panorama cultural de este pueblo de los contrastes. Ocoa se quedó en un punto cualquiera de las serranías. Anteriormente la Pata de la Mula unía a Ocoa con azua. Hoy las une William mejía. Hoy todavía se escucha el eco del taladro perforando esa distancia, en la que la barrena poética de William cala los huecos donde se colocan los remaches, puntos de apoyo, puntos de referencia, que identifican un antes y un después de William mejía en la literatura de Azua.
Estos son los antecedentes. Ahora asimos por el puño y conectamos el taladro del tiempo para girar una reflexión sobre los primeros cuentos de William Mejía, porque resulta que el Taladro del Tiempo fue el primer libro de William mejía. Y en él encontramos su primer cuento premiado en el concurso de Casa de Teatro, certamen en que es bueno acotar fue jurado el maestro del cuento, Juan Bosch.
Para el herrero de estos párrafos avituallados con la confianza que da la cercanía, casi de hijo a padre, con el autor, es un honor inmerecido ocupar un espacio en este escenario, pero un compromiso ineludible con el que considero como el taladro crítico de mi literatura.
El mismo año en que William se muda por estos andurriales de locos y poetas, salió a la luz el Taladro del tiempo. En este año que William celebra sus treinta taladrando el cuento, no viviendo del cuento, se publica la segunda edición, corregida y disminuida del Taladro… Nótese que digo disminuida y no ampliada, como casi siempre ocurre con las segundas ediciones. Y es que de aquel taladro del tiempo al taladro del tiempo de hoy, se recicla el tiempo como en un círculo mágico y el taladro es el mismo que sigue perforando el cuento. Modificando la visión del mundo. Reinventado el mundo, cada vez que el mundo se le antoja como un cuento fácil, difícil de contar. Y es que como dice la uruguaya Cristina Peri-Rossi, citada por Mempo Giardinelli en su libro Así se escribe un cuento, “no narro para entretener, para ordenar una trama, sino para descubrir, para conocer, para elaborar una hipótesis del mundo, de modo que lo narrado se supedita a la intención, a la visión del mundo. Es que, parodiando a Rimbaud, el escritor es un visionario, o no es.” Y William responde a este conocer, descubrir, para formar su tesis y visionar el mundo, trastocarlo, reinvientarlo, perforarlo con su taladro mágico.
Cuando William encendió el taladro, y el tiempo empezó a barrenar las metáforas, creó sus criterio escritural, diseñó su estilo mágico. Para William el cuento, no es el cuento que le cuento, no es la trama tradicional que comienza y termina en colorín colorao… Es como la gota de agua mureniana, que vista con una lupa, en ella se ve el universo entero.
Desde que el mundo es mundo y el mundo cuento, con el cuento del mundo, desde Luciano de Samosata hasta los cuentívoros de hoy, el género literario más antiguo del mundo, ha transitado entre tomar la ruta del cuento de camino, o andar el camino del cuento.
William es un andarín. Hace tiempo que tomó el camino del cuento. Para William ha sido fácil taladrar el tiempo y meter por el agujero un cuento embadurnado de poesía. El aserrín que va separando la penetración de la barrena al horadar la sustancia demiúrgica, son metáforas que abonan la horma cuentística de William.
Al leer el taladro, y comenzar a ver desde “una mancha en el centro del paisaje” y entonces llega la hora de los perros, ladrando en un tiempo negro. Surge otro cuento como adorno de flor de tierra, y esa espora textual se riega por toda serranía como una pureza que viaja como los vientos. Y cuando crees que es el final, se oye un silencio definitivo en el mar, entonces tiempo y taladro, símbolos de la creación mejiana, binomio de la reflexión del artista frente a la satisfacción o insatisfacción que le causa el vértigo del mundo que lo rodea, te inducen a reflexiones del hombre social o del hombre artista.
Para William, en el hombre doméstico, tiempo y el taladro son simples artículos de cocina. En el artista, taladro y tiempo, son herramientas para crear una cuentística que trascienda la cotidianidad.
La barrena poética del Taladro del Tiempo williamiano se siente desde que perfora la solapa del libro. Y es lógico encontrar el tictaceo de la poesía desmigajarse circularmente por el cuento.
Podemos afirmar que William hace acopio de las afirmaciones del escritor mejicano Carlos Fuentes, vertidas en la entrevista concedida a Mempo Giardinelli: Cito: “siempre consideré que la poesía era el terreno común de la literatura.” Fin de la cita.
He oído decir, varias veces, al propio William, que la poesía es la sustancia que inunda a la obra literaria, cualquiera sea el género. Una novela, un cuento, una obra de teatro, sin poesía, le falta hondura, no tiene ese gusano que taladra nuestra sensibilidad, no nos motiva, no nos enciende las fibras del ser. Es lo que algunos consideran algo así como la literatura culinaria o la cocina literaria. Una novela sin poesía es una novelona desabrida. Una obra de teatro sin poesía es un dramón frívolo. Un cuento sin poesía no taladra nuestra interioridad. La poesía, como interroga Mempo a Fuentes ¿es la patria primera de la literatura? Y Fuentes responde: es la patria, el universo, el globo terráqueo de la literatura. Y como remacha Baudelaire, la génesis del cuento y del poema es la misma, nace de un repentino extrañamiento, de un desplazarse que altera el régimen normal (entre comillas) de la conciencia…
Los cuentos troquelados por el taladro del tiempo, de un tiempo taladrado por la banca rota de la ética, por el pleonasmo de la copionería, por la francachela de la fácil y barato, por la verdolaga del malgusto internetiano, por el clichet porno de la pérdida de la capacidad de asombro, por la moda del juicio final de lo sensible, por la robotización de la cosa y de la casa… sobreviven al tiempo y al taladro adimensional por que se ajustan a la etiqueta del Baudelaire. La eficacia y el sentido del cuento se deben a: la tensión, el ritmo, la pulsación interna, lo imprevisto dentro de parámetros previstos… los cuentos de esa especie se incorporan como cicatrices indelebles a todo lector que los merezca: son criaturas vivientes, organismos completos, ciclos cerrados, y respiran.
Tanto el taladro de 1984, año hidrogenado, año de camuflajes, año fríamente acomplejado, año orwelliano en el que Eurasia y Estasia, confundían la literatura con la criptonita, y cocinaban sus neuronas en una paila ideológico, como el taladro de hoy, mantienen su vigencia. El de ayer con trece ranuras anaranjadas por el añejamiento de sus instintos, el de hoy con nueve troneras donde caben el universo, los sueños, y toda la imaginación inimaginable.
Al concluir estas cuartillas imperfectas, como todo lo perfecto, como el propio cuento, ya que como asegura Donoso, el cuento perfecto no existe, y esto es precisamente lo mágico del género, podemos afirmar que William Mejía, el andarín, al arribar a sus treinta años, que hasta comiendo te hacen propietario de una buena barriga, al cronometrar treinta años armando y rompiendo satisfacciones e insatisfacciones, continua con su taladro del tiempo a cuestas, penetrando las fronteras taladrantes y atemporales del cuento.

viernes, 6 de junio de 2008

V
Aserrín
(Del libro Tinglado de Rannel Báez)
Y el bosque duerme
Voy a él con el canto de las bayahondas
El maderal que habito se me escapa
y siento que desnudan mi cuerpo
y las cenizas son recuerdos de hachas
que siento en mi carne
Sus raíces recogen aridez
y manosean el Sahara de su pecho
El bosque duerme
Y sus montes son un cono de sombra
y un espacio sin eco en sus ramas
para dejar que pase
el río por su alma
Y ahora hay miedo
cuando tiembla el viento
sobre aquel árbol seco
que le robaron la sombra
Y ahora hay miedo
porque el bosque duerme
sobre el polvo del rocío
carabela ecológica
invernadero de dolor
Por eso presiento que muero
como muere el bosque
porque me da un miedo de verano cuando caen sus hojas
a escribir su historia de monte a monte
y al sol de su aridez.


2
Lágrimas y Estrellas

Has abierto mi puerta barroca
y entras desnuda como un sonajero
Caes sin rima sin agujeros pero poética
Como de una pupila nocturna
gota a gota para conversar con mi calor
Has venido con auroras en tu frente
y siento que tomas mis mañanas
para vestir tu piel
Todas mis albas cuelgan de ti
y no puedo asirme de una mañana para seguirte los pasos
Presiento que te marchas
que regresas con sabores de lilas
a tiritar sobre las yerbas
Te veo en las hojas del verano
Dejas tus raíces rodar por el adiós
que se disipa en los surcos
por el aroma de mañanas que se aspira
en las huellas sonoras de la primavera
Arrojas el polen al río sublevado
Te sumerges en sus cauces nerviosos
y en aguas secas
de piedras dulces
y ecos amargos
van tus ojos a visitar el corazón del mar
Así duermes en los pétalos tropicales
besando la flor que canta en tus labios
Se deshoja en tu boca
y con la noche
sigue tu canto otras flores
y otros besos
Y al nacer tu aroma
reías en tus albores
sollozabas en tus estíos
Te ibas escapando como amoníaco al sol
más y más de aquel verano de vapor
Ibas dejando tras tu espalda
todos los cielos del sur
que esperan de ti la humilde serenata
Ese canto amanecía en las sierras
Podía verse oírse palparse
Era un lamento
era la vida
La esperanza hecha rocío
en contraste con el llanto de los cardos
Allí hay fango que sabe a cielo
con nubes de sur y de palomas
Vuelos entrecortados por brisas
brisas de plumas y de mar
Y soles que crecen por la tierra
Esa tierra que duerme con los ríos
Has abierto mi puerta invernal
Como una mujer sexual y húmeda
entras como una gotera en la nuca
gota a gota para conversar con mi calor
Echo mis ojos hacia ti
los dejo correr para ir a verte
te veo bajar
te siento caer
¿Eres tú?
Sí No
Verdad
Ilusión
Miopía
"El hambre tiene cara de hereje"
Refrán de muecas
Apetito sarnoso
Vértigo gástrico
Anemia métrica
Pobre reino
rico infierno
miseria eterna
para estas panzas inéditas
en esta demografía de intestinos sociales
Has tocado mi puerta
mi puerta no tiene perdón
puedes seguir lavando infamias
puedes seguir nubesando inútilmente
Si cada goterón fuera un balazo
fuera un boche
que feliz de bañar lo humano en tu venganza
Pero
un pero sin plusvalía
sin estafa
en este tinglado
poema curtido hasta el tuétano
sólo hay lágrimas
mar
espejo
sal
epidemia
flagelo
mugre
sermón
huelga en paila hastío
Cuando golpeas mi rostro con el ventarrón
y mojas mis costillas
mis engaños
mis lombrices
pienso con mi barriga laberíntica
que quizás alguien llora
detrás de las estrellas.